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ESPACIO DE OPINION
Opinan acerca del
valor de la mujer en la sociedad actual
Compilación y armado: Prof. Elsa Bessone
Mujeres... ¿para que servimos? Absolutamente para todo. Pero sería difícil creerlo si analizamos el campo del desarrollo. Dentro de la retórica del desarrollo, nuestro valor se expresa en términos de nuestra capacidad de reproducirnos y alimentar a los hijos, familias, comunidades y naciones; de nuestra propensión al consumo; de nuestra posición de víctimas en las confrontaciones violentas.
Mujeres... ¿para que servimos? Absolutamente para todo. Pero sería difícil creerlo si analizamos el campo del desarrollo. Dentro de la retórica del desarrollo, nuestro valor se expresa en términos de nuestra capacidad de reproducirnos y alimentar a los hijos, familias, comunidades y naciones; de nuestra propensión al consumo; de nuestra posición de víctimas en las confrontaciones violentas. En esencia, nos reproducimos y alimentamos, compramos y lloramos. Pero en realidad, hacemos muchas otras cosas: creamos, consolamos, vinculamos.
En aras de la discusión, me referiré sólo a algunos elementos clave en la pasiva y monolítica caracterización de las mujeres, presente en el discurso del desarrollo. Específicamente, a su "sexualización" en los programas de salud reproductiva y de población; su "mercantilización" en las campañas de comunicación; y su "victimización" en las ayudas de emergencia y las intervenciones militares. Las mujeres, a menudo sujeto y objeto de las intervenciones de desarrollo, son más que sexualidad, reproducción y consumo, y más que las víctimas típicamente retratadas en esos discursos. Espero abrir un debate sobre cómo incorporar estrategias respetuosas, que reconozcan la complejidad asociada al género y a los procesos de cambio social.
En buena parte del discurso del desarrollo, el papel de las mujeres se define a través de sus cuerpos, como criaturas maternales o sexuales. Vale la pena anotar que muchas organizaciones donantes tienden a canalizar los recursos financieros destinados a temas "de la mujer" hacia programas de salud infantil, nutrición, y población. La sensación de que las mujeres sufren pasivamente bajo el peso de su capacidad sexual y reproductiva, debido a sus culturas "tradicionales" es más pronunciada en regiones culturalmente alejadas de los donantes bilaterales. Una aproximación orientalista al desarrollo incorpora supuestos patriarcales, que imaginan a esas "otras" mujeres en roles pasivos que requieren "nuestra" ayuda. La "ayuda" a las mujeres en estos espacios culturalmente lejanos está enfocada hacia la sexualidad de la mujer, a través de programas de desarrollo centrados en intentar controlar sus cuerpos.
Aunque la salud reproductiva puede ser un tema importante, los programas de desarrollo deben ser criticados por concentrarse en ella, a expensas de un amplio rango de otros temas, y por construir una imagen de la mujer como objeto pasivo de las intervenciones, que no se involucra activamente en la toma de decisiones acerca de su propia sexualidad. Pero el problema no es solo que las agencias de desarrollo conciban a las mujeres como víctimas pasivas que requieren ayuda: es que además, las concepciones de la mujer varían a lo largo del espacio cultural, de manera que se justifica que los culturalmente "otros" sean el objeto de intervenciones de desarrollo.
Las campañas de comunicación para el desarrollo también se basan en caracterizaciones pasivas de las mujeres, concebidas como "objetivos" de las intervenciones. El modelo subyacente de mercadeo social asume que los individuos (no las políticas, ni las estructuras) son el objeto del cambio y que el cambio de comportamiento es el objetivo de una intervención. Así, aunque el "producto" que promueve una campaña de mercadeo social no se refiera a un objeto material sino a una idea, a menudo la práctica sugerida, especialmente en programas de salud y nutrición, involucra el consumo de paquetes como ORS, vitaminas, y otros bienes materiales. No es que estemos olvidando otros temas de campaña -como amamantar y hacer ejercicio- que no se centran en la compra de productos tangibles; pero queremos centrar la atención en las bases comerciales sobre las que se crean campañas de mercadeo social. Como extensión de un modelo comercial, el mercadeo social apunta a los consumidores individuales como recipientes pasivos, que solo se vuelven activos para comprar los productos adecuados, que de alguna manera mejorarán sus vidas y las de sus hijos y sus familias. El consumo se convierte entonces, en la forma apropiada para que cada mujer individual se involucre en el cambio social.
Una de las razones de la popularidad del mercadeo social en los proyectos de comunicación dirigidos a las mujeres, es que este marco de cambio social no cuestiona, sino refuerza una estructura global de poder que privilegia a las corporaciones globales. Enfocarse en los individuos como el lugar en que se dan los cambios, nos impide comprender el poder que tiene un colectivo para resistir frente a grupos dominantes como las corporaciones. Por lo tanto, el potencial de las mujeres para organizarse e involucrarse en temas sociales críticos se margina en favor de sus patrones de consumo.
Otro modelo de utilización de los medios para promover el cambio social, el edu-entretenimiento, puede someterse a críticas similares. Aunque las mujeres pueden no necesariamente ser vistas como consumidoras per se como en el mercadeo social, la privatización de esta estrategia de interés público significa que los intereses comerciales compiten con propósitos socialmente benéficos. Las mujeres se convierten en el blanco de estrategias de comunicación que intentan convencerlas de actuar según el modelo en la pantalla, en vez de incentivarlas a ver las dinámicas de género, o a involucrarse en actos colectivos de resistencia frente a la cultura del consumo, o frente a sistemas políticos opresivos. La estructura misma de muchos de estos programas involucra "alianzas" entre la industria privada y las instituciones del desarrollo, que actúan aparentemente por interés público. Esta "alianza" limita el potencial de la comunicación para involucrarse en temas y estrategias más controvertidas. Integrar a estas estrategias productos comerciales en nombre del "bien público", distrae la atención de soluciones potencialmente más positivas.
Las mujeres son a menudo utilizadas como justificación para la asistencia en situaciones de conflicto, particularmente en discusiones sobre ayuda humanitaria y emergencia. En referencias textuales y visuales, se utilizan mujeres que lloran junto a sus muertos y sus hogares destruidos para explicar por qué los recursos deben ser dirigidos hacia determinados territorios. No es que las mujeres no sufran, pero hay otros que también sufren. Los hombres por ejemplo. Sin embargo, las mujeres resultan llamativas como víctimas, debido a que las concebimos en papeles subordinados en la sociedad. Presas de estos estereotipos, perdemos el sentido humano del dolor y el sufrimiento. Los derechos de las mujeres pueden convertirse en pretextos para proyectos de desarrollo, lo mismo que para intervenciones militares. La retórica utilizada por los Estados Unidos para explicar la intervención en Afganistán, similar a las justificaciones de muchas instituciones de desarrollo que hacen inversiones allí, pone en primer plano la situación de la mujer como objetivo y como justificación.
Las instituciones de desarrollo y de otros sectores del gobierno explotan los temas de las mujeres para desarrollar sus propias agendas. Pero dentro de esta estructura existe un potencial para la resistencia. Tendemos a polarizar los procesos de desarrollo como jerárquicos o participativos, dirigidos a dominar comunidades de individuos pasivos o que involucran participantes activos respectivamente. Son justas aquellas críticas al campo del desarrollo que hacen ver los supuestos patriarcales que rigen intervenciones de instituciones poderosas, impuestas a grupos menos poderosos. Quienes abogan por la participación hacen una importante contribución al argumentar -con base en la ética y la efectividad- a favor de contextos de implementación respetuosos e informados. De muchas maneras, nuestros intentos de entender los roles de las mujeres en los procesos de desarrollo encuentran resonancia en estas interpretaciones más amplias del campo. En algunas de las aproximaciones, las mujeres son sólo objetivos pasivos de las campañas, mientras que en otras, las mujeres son participantes activas, aunque usualmente como miembros de las comunidades receptoras y no como funcionarias contratadas, pagadas y con autoridad, dentro de las organizaciones de desarrollo.
Sin embargo, muy a menudo esta discusión se polariza, simplificando dinámicas complicadas en los mismos tipos de dicotomías que han sido objetos de crítica: modernidad vs. tradición; arriba-abajo vs. abajo-arriba; aproximaciones al desarrollo dominantes vs. participativas. Los procesos de crear, implementar y evaluar las políticas y programas de desarrollo son mucho más complejos que lo que estas categorías simplificantes permiten ver. Sin embargo, comprender las dinámicas más amplias del poder es un componente crítico de este proceso. En este sentido, la teoría feminista nos permite formarnos una idea sobre las estructuras de poder que operan en los contextos transnacionales, institucionales y sociales. Yendo más allá de estrategias puramente simbólicas de "participación" de la mujer a nivel de comunidad, ¿cómo pueden los programas de desarrollo incorporar más seriamente los principios del feminismo global, respetando la diversidad de cultura, clase, raza y más, basándose en la experiencia compartida de la opresión? (La iniciativa de comunicación)
Karin Gwinn Wilkins
Profesor Asociado del Departamento de Radio, Televisión y Cine
Universidad de Texas en Austin
Precaución: niños conectados
Por Cecilia Bazán | De nuestra
Redacción
cbazan@lavozdelinterior.com.ar
Compilación y armado:
Prof. Elsa Bessone
Hace tiempo, las recomendaciones maternales al estilo “no hablés con
desconocidos” o “no veas esa película” marcaban pautas de conducta para los
niños y adolescentes en su relación con el mundo exterior a la familia. Los
horarios para salir de casa, para ver televisión, y las llamadas
telefónicas, por nombrar algunos ejemplos, siempre han estado bajo la atenta
mirada de los padres.
Pero desde que la comunicación abrió el juego a Internet en el hogar,
resulta difícil detectar con quiénes hablan los hijos, qué leen o cuántas
horas permanecen “conectados” a la Red.
Según datos difundidos recientemente por el Instituto de Estadísticas y
Censo (Indec), los accesos residenciales en todo el país crecieron un 17,1
por ciento entre diciembre de 2001 y diciembre de 2004. Por ello es un hecho
que la Red se ha instalado en la rutina de muchas familias argentinas y es
una fuente usual en investigaciones escolares, donde los pequeños bucean con
total libertad. Además, es visible la migración de legiones de niños a los
cibercafés como espacio de recreación o reunión.
No obstante, actualmente son varios los especialistas que alzan la voz en un
llamado de atención para padres y familiares, con la comprobación de que
Internet puede dar vía libre a la acción de pedófilos que actúan a través
del chat y también al acceso a sitios con contenido inadecuado (para adultos
o directamente, pornográficos).
Menores en la Red
A través de la campaña “Niños e Internet: no permitas que hablen con
extraños”, la compañía antivirus Panda Software informa en el sitio
www.menorenlared.org a los padres y tutores sobre el riesgo que entraña para
los chicos el acceso a contenidos no apropiados.
El medio no es lo peligroso, sino su utilización. De ahí la importancia de
conocer cuáles son los momentos de vulnerabilidad para los niños. Los
expertos señalan que las salas de chat y los mensajeros instantáneos son
utilizados con fines delictivos por individuos de todo el mundo, que
contactan a un menor desprevenido y fingen tener gustos y actividades en
común para lograr su confianza. Una vez obtenidos sus datos personales
pactan un encuentro con consecuencias que pueden ser imprevisibles.
Otro de los peligros es, justamente, la superabundancia de información en la
Red, y las consecuencias que el acceso a ella puede tener para una persona
en fase de formación, como son los niños y adolescentes.
Así, contenidos racistas, xenofóbicos, violentos, de inducción al suicidio o
la anorexia, guerra o páginas de pornografía o erotismo, están al alcance y
a veces de manera compulsiva, como es el caso de popups (ventanas
emergentes) o el siempre presente spam (correo basura).
En los mensajes de correo no deseado o de remitente desconocido es posible
que se introduzcan virus (del tipo troyanos) que permiten el control remoto
y el acceso a las información almacenada en la computadora. Con ello, se
pueden realizar acciones maliciosas o simplemente obtener datos personales
para ubicar al menor.
Finalmente, otra razón para no perder de vista a los niños en la Red, es la
posibilidad de que, a sabiendas o no, adquieran compromisos financieros,
brindando, por caso, el número de tarjeta de crédito de los mayores, o
cualquier otra información que pueda estar a su alcance.
¿Cómo protegerlos?
Los datos que cita Panda Software, señalan que “nueve de cada 10 niños de
edades comprendidas entre los ocho y los 16 años han visto pornografía en
Internet y, en la mayoría de los casos, ha sido accidentalmente y como
resultado de la búsqueda de información para algún trabajo escolar”.
Además, indica que “el 44 por ciento de los menores que navegan con
regularidad se han sentido acosados sexualmente en Internet en alguna
ocasión, y el 11 por ciento ha reconocido haber sido víctima de esta
situación en diversas ocasiones”.
Con estos antecedentes, padres o tutores deberán establecer reglas claras
para la navegación y, fundamentalmente, hablar con los menores para
alertarlos y crear un clima de comunicación abierta por si se ven expuestos
a las situaciones descriptas más arriba.
En primer término, se recomienda instalar la computadora en un lugar de
circulación dentro de la casa, y no en la habitación de los niños, para
poder controlar ágilmente qué sitios visitan.
Asimismo, es importante establecer límites para el tiempo de conexión y
chequear que, si acuden a un cibercafé, haya filtros de contenidos para
menores.
En Córdoba, es obligatorio el uso de filtros virtuales y la prohibición de
ingreso y permanencia de niños menores de edad, de 6 a 22, en todos los
cyber de la capital. En ese horario, los chicos deben concurrir acompañados
por un adulto.
La ley provincial 9.174, promulgada el año pasado, obliga a instalar filtros
para páginas pornográficas o sobre aquéllas que promuevan la violencia o la
discriminación.
Los programas de seguridad son también una opción para valorar. En el sitio
www.softforyou.com es posible bajar gratuitamente el software iProtectYou,
un paquete de control parental y filtro de Internet que permite bloquear
correos electrónicos, sesiones de chat y mensajes instantáneos que contengan
palabras inapropiadas, detener anuncios molestos y restringir el tiempo de
Internet a un horario predeterminado.
Por su parte, Panda Software ofrece el Panda Platinum Internet Security
2005, con tres meses de prueba gratuita, en www.menorenlared.org. Y Mc Afee
tiene un software útil para el control parental.
Con todo, no se trata de alejar a los más jóvenes de Internet, sino advertir
a los padres que aún frente a la pantalla de la computadora, es necesario
seguir cuidándolos.