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Instituto Salesiano de Estudios Superiores
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Dto. Apoyatura Académica I.S.E.S – Biblioteca Digitales
Director General del Proyecto Sergio Pellizza
Webmaster Mauricio Vargas

 

Compilación y armado Sergio Pellizza Dto. Apoyatura Académica I.S.E.S bibliotecas virtuales. 

 

El lenguaje 


Fuente: Universidad Abierta Interamericana- Cátedra Prof. Dente. Filosofía del Derecho Trabajo Cátedra de  José Mario Pérez
Compilación y armado: Sergio Pellizza – Dto. Apoyatura Académica I.S.E.S  Bibliotecas Virtuales

 

¡Qué me dice! 

Al preguntar ¿Cómo te fue en el examen?, y una persona señala con el pulgar hacia abajo, o cuando un abogado dice: “me allano a la demanda”, estamos ante distintos ejemplos de lenguaje, se exhibe la comunicación de algún significado por medio de símbolos.

Un símbolo es un fenómeno (algo que ocurre) que nuestra mente relaciona con otro fenómeno.

Relacionamos el pulgar hacia abajo con el aplazo, por ejemplo.

Un fenómeno relacionado con otro fenómeno es un signo, la fiebre es un signo de la enfermedad, la caída de las hojas es un signo del otoño. Todos estos son signos naturales, deliberadamente establecidos como tales.  Pero algunos signos no dependen de una relación de causa a efecto sino de un vínculo arbitrariamente fijado y se usan adrede para traer a nuestra mente la representación del fenómeno que con él relacionamos.  Los signos de esta clase particular se denominan símbolos.  De símbolos así se componen los lenguajes.

Toda ciencia es un conjunto de enunciados y se expresa a través de un lenguaje.

Un lenguaje se compone de signos.  Pero un mero conjunto de símbolos no es necesariamente un lenguaje.  Los signos deben estar ordenados en una estructura mas o menos orgánica, y tener atribuida cierta función propia como partes del lenguaje.  Podría definirse el concepto de lenguaje como un sistema de símbolos que sirve a la comunicación.

  Requiere la comunicación de:

a)         un emisor ;

b)         un receptor;

c)         un mensaje o información transmitida;

d)         un canal o vía por cuyo medio se transmite la información.

e)           Es preciso que la información se emita en un código (el idioma, por ejemplo) que sea común a emisor y receptor.

Puede ser interferida por cualquier interferencia que provoque la distorsión del mensaje o entorpezca su recepción, ruido que puede ser efectivamente un ruido u otro tipo de factor distorsionante.

Entre todos estos elementos de la comunicación, el código es el que define el lenguaje que utilizamos y establece su estructura.  En cada proceso de comunicación aparece un mensaje compuesto por una serie de signos, que poseen una significación.

Ésta es la relación entre el signo y el fenómeno cuya representación el signo trae a nuestra mente.  En un sentido amplio, todo acto humano es o puede ser un vehículo transmisor de una significación.  Pero lo que caracteriza al lenguaje es su intencionalidad, los signos que lo componen son mas o menos deliberados y así el lenguaje tiene por objeto la comunicación a través del significado.

Si la significación es la relación de los signos con los fenómenos que sugiere, el significado es la relación de los símbolos con aquello que simbolizan.  Y si la significación puede ser natural o artificial, el significado es siempre artificial, intencional y mas o menos convencional.

 Clases de lenguajes

 a)         Lenguaje natural: es el que utilizan los seres humanos en su comunicación ordinaria, porque ha sido formado paulatinamente mediante el uso del grupo social, a través de una dinámica histórica no deliberada.  Posee una gran riqueza significativa, y no sólo transmite descripciones sino también emociones, órdenes u otros mensajes.  Al transmitir informaciones se pueden producir defectos como la vaguedad o la ambigüedad (imprecisión del significado, coexistencia de dos o mas significados).  Aparece como dado para los hablantes de la comunidad lingüística.

b)         Lenguaje artificial: está compuesto de lenguajes técnicos y lenguajes formales:                 1) Lenguaje técnico: es el lenguaje natural con términos técnicos, se otorga a determinados vocablos o expresiones un significado restringido a través de definiciones precisas, las ciencias lo utilizan para otorgar mayor precisión al lenguaje (el caso de robo en un texto jurídico es mas preciso y restringido su uso que en el sentido usual).      2) Lenguaje formal: es aquel en el que se han eliminado los términos del lenguaje ordinario y se emplean únicamente símbolos arbitrarios, de cuyo significado se prescinde para dirigir la atención exclusivamente sobre las relaciones entre dichos símbolos, expresadas en fórmulas, tal como en e l álgebra o en la lógica formal.

Semiótica  

Es la disciplina que estudia los elementos representativos en el proceso de comunicación.  Nace en los tiempos modernos con los trabajos de Saussure que la describía como “una ciencia que estudie la vida de los signos en el seno de la vida social”.

Lingüística 

Es la disciplina que estudia los lenguajes naturales.  “Está constituida – según Saussure – en primer lugar por todas las manifestaciones del lenguaje humano, ya se trate de pueblos salvajes o de naciones civilizadas, de épocas arcaicas, clásicas o decadentes, teniendo en cuenta, en cada período, no solamente el lenguaje correcto y la lengua culta sino todas las formas de expresión”.  La semiótica le proporciona la metodología y parte de sus teorías.

Lengua y habla.  Sincronía y diacronía.

 a)         La lengua: es el sistema de signos que sirve a la comunidad lingüística.  Es sistemática y forma parte de pautas sociales, como código aceptado normalmente por cierto grupo.

b)         El habla: es el acto individual a través del cual la lengua se manifiesta, el acto que la pone en acción.

Saussure comparaba la lengua con una pieza musical (una sinfonía) y el habla con un acto de ejecución de la partitura.

La lengua admite dos enfoques.

El sincrónico es aquel que observa la lengua desde el punto de vista estático.

El diacrónico o dinámico es el que examina la evolución de la lengua a través del tiempo: el modo en que se modifican paulatinamente los significados de las palabras, aparecen nuevos vocablos y otros se tornan arcaicos, la construcción gramatical va cambiando las reglas y aun el estilo con que se habla o se escribe se modifica a lo largo de los siglos.  Permite destacar la relación que vincula a la lengua con el habla, relación que en el enfoque sincrónico no se advierte.  La lengua se manifiesta a través de actos individuales de habla, y evoluciona también a través de ellos a medida que tales actos son cumplidos por un gran número de habitantes.

Lévi – Strauss utilizó los conceptos de lengua y habla en antropología para examinar las estructuras de parentesco.  En biología se distingue el genotipo (o tipo biológico ideal, el que posee las características que definen la especie) del fenotipo (cada ser biológico individual) conceptos que se corresponden por analogía con los de lengua y habla, respectivamente; y puede hacerse para cada especie un estudio sincrónico (una taxonomía, o clasificación de la especie en subespecies, variedades o razas, con sus  correspondientes descripciones para un tiempo dado) o diacrónico (una teoría de la evolución de la especie a través del tiempo).

Niveles de lenguaje 

(ver de lo que explicó él)

Los niveles del lenguaje normativo

Existen dos clases de metalenguaje referido a las normas:

a) Metalenguaje prescriptivo: se trata de normas que hablan acerca de normas.  El ejemplo sería un cartel que diga “Velocidad máxima 80Km/h”  y cada tanto otro que diga “atienda las indicaciones de las señales”.  En un sentido mas común podría decirse que las normas que establecen métodos para crear o modificar otras normas (las de la Constitución que rigen el funcionamiento del Congreso, por ejemplo, o las del Código Civil que rigen la formación de los contratos) son también normas de segundo nivel, expresadas en un metalenguaje prescriptivo.

b) Metalenguaje descriptivo: Kelsen llamaba normas a las disposiciones emanadas del legislador y enunciados jurídicos a las descripciones que de las mismas normas hacen los juristas.  La ciencia del derecho aparece como un metalenguaje descriptivo de normas.  Un profesor que describe una norma, no expresa la misma como lenguaje objeto.

Sintaxis  

Estudia los signos mismos con independencia de su significado.  La semántica, los signos en su relación con los objetos designados.  Y la pragmática, la relación entre los signos y las personas que los usan.

Un lenguaje está formado por tres clases de elementos:

a)         Un conjunto de signos primitivos: son las entidades significativas de un lenguaje dado que no requieren ser definidas explícitamente mediante otros signos del mismo lenguaje: en una primera aproximación puede considerarse como tales a las palabras.

b)         Un grupo de reglas de formación:  si colocamos unas sobre otras a las palabras, sin orden ni concierto, o bien en equilibrio inestable, no construiremos mas que una imagen metafórica del sistema económico internacional.  En un lenguaje natural los enunciados mal formados desde el punto de vista de la sintaxis carecen de significado desde el punto de vista de la semántica.

c)         Un grupo de reglas de derivación: son reglas que permiten transformar unas expresiones en otras u obtener nuevas expresiones a partir de otras que se toman como punto de partida.  De la frase bien formada del idioma castellano “Roberto bebe un vaso de vino” puede obtenerse otra: “un vaso de vino es bebido por Roberto”.

La sintaxis abarca tanto la postulación de signos primitivos como el estudio de las reglas de formación y de derivación. 

La sintaxis descriptiva o lingüística examina la estructura de los lenguajes naturales, en forma especial o general.  La sintaxis pura o lógica estudia, las estructuras de cualquier lenguaje y se halla mas próxima a la lógica y a la filosofía que a la lingüística.

Semántica  

Al nacer examinaba los distintos lenguajes naturales y estudiaba el modo en que los significados se atribuían a las palabras, sus modificaciones a través del tiempo y aun sus cambios por nuevos significados.  Esta es la semántica descriptiva o lingüística, que también puede ser especial o general, descriptiva de la evolución histórica de todos los lenguajes.  La lexicografía es, por ejemplo una parte de la semántica descriptiva.

La fuente del significado  

Se confunde la realidad física con la lingüística.  Cuando aprendemos el nombre de una cosa, entonces, no aprendemos algo acerca de la cosa, sino sobre las costumbres lingüísticas de cierto grupo o pueblo: el que habla el idioma donde ese nombre corresponde a esa cosa.  Estas costumbres pueden cambiar, y de hecho cambian muy a menudo a través del tiempo.  Decimos entonces que las cosas cambian de nombres, pero sería mas riguroso decir que nosotros cambiamos el modo de nombrar esa cosa.

Afirmar que una cosa tiene nombre es una forma habitual de hablar; pero sería  mas claro decir que nosotros tenemos un nombre para esa cosa.  No existen nombres verdaderos de las cosas.  Apenas hay nombres comúnmente aceptados, nombres no aceptados y nombres menos aceptados que otros.

La posibilidad de inventar nombres a nuestro gusto suele llevar a la libertad de estipulación.

La regla del uso común (usar las palabras con el mismo significado que comúnmente se les asigna en nuestro medio lingüístico)  posibilita que nuestros interlocutores no tengan dificultad en entender lo que decimos.

Identificación y significado 

Cualquiera sea el nombre que demos a una cosa, la cosa será la misma y requerirá algún nombre.  El sol es el mismo objeto para todos, ya sea que lo llamemos sun, sole o soleil.  Por encima de las divergencias lingüísticas, existe una diferenciación natural entre los objetos que sirven de base necesaria a cualquier lenguaje.

Al inventar nombres (o aceptar los ya inventados) trazamos límites a la realidad, como si la cortáramos idealmente en trozos; y al asignar cada nombre constituimos el trozo que, según decidimos corresponderá a ese nombre.

Concepto y clasificación 

Cuando identificamos los objetos, nuestra delimitación de la realidad es la que determina objetos individuales: nuestra madre, este gato.  Podemos asignar un nombre propio a cada uno de estos individuos; pero cuando lo hacemos no seguimos un criterio sistemático.  Una calle cambia de nombre según los avatares de la política, y en esos cambios nada tiene que ver la calle misma.  Pero en el mundo es posible distinguir infinitos individuos: hombres, moléculas de hidrógeno; y no es posible, ni útil poner nombres propios a cada uno.

Para evitar este engorro, agrupamos los objetos individuales en conjuntos o clases y establecemos que un objeto pertenecerá a una clase determinada cuando reúna tales o cuales condiciones, no sólo hemos creado las palabras sino también creado los conceptos a los cuales esas palabras se refieren, las particulares divisiones del universo que hemos decidido nombrar.

La agrupación de los objetos en clases – llamada clasificación – es un acto intelectual que en la mayoría de los casos cumplimos inadvertidamente, pues nos es inculcado junto con el lenguaje.

Detonación y designación 

Un nombre con significado debe significar algo.  Y ese algo debe ser un ente de cierta naturaleza, ya que de lo contrario habría nombres que no significarían nada.  Pero podemos distinguir dos clases de entes, los que existen y los que subsisten (no forman parte de la realidad pero podrían llegar a existir).  El Aconcagua existe, mientras que el pato Donald y la recuperación de las Malvinas subsistirían.

Gottlob Frege distinguió dos formas o componentes del significado: la denotación (o extensión) y la designación (o intención o connotación).

La palabra ciudad, por ejemplo, sirve para referirse indistintamente a cualquiera.  El conjunto de todos los objetos o entidades que caben en la palabra “ciudad” se llama la denotación de esa palabra.

Por otro lado el conjunto de criterios de uso de esa palabra, las razones o requisitos para ubicarlos en un concepto de clase, se denomina designación de esa palabra.

El concepto de obelisco comprende en su denotación entre otros, al de Buenos Aires, en tanto su designación es ser un “pilar muy alto, de cuatro caras iguales un poco convergentes, y terminado por una punta piramidal muy achatada, el cual sirve de adorno en lugares públicos”.

Y el concepto de Cíclope? Nadie vio uno pero si un día nos encontráramos con un gigante que tuviese un solo ojo en medio de la frente, no dudaríamos en llamarlo cíclope.  Por lo tanto la palabra cíclope tiene designación, pero carece de denotación.

Universales y otras intoxicaciones 

Las palabras que usamos sirven para nombrar los objetos que hemos recortado de la realidad circundante a las clases en las que hemos agrupado esos objetos.  Pero nuestro sistema de clasificaciones es muy complejo, y las clases se superponen y entrecruzan sin respetarse unas a otras.  Así, el copo que acaba de caer del cielo encaja en la clase de la nieve, pero también en la clase de lo frío, de lo blanco, de lo blando.

Cada una de las palabras designa una clase y denota a cada uno de los objetos respectivamente fríos, blancos o blandos.

Nuestro copo de nieve es abarcado también por la clase de lo que cae, junto con la lluvia o las piedras de un alud, de modo que la palabra cae designa también una clase y denota a los objetos que caen.

Lo que ocurre es que nuestro lenguaje tiende a oscurecer esta semejanza entre sustantivos, adjetivos y verbos porque su estructura corresponde a la tesis esencialista.

Las cosas tienen y realizan acciones.

Nuestro lenguaje debe tener cierta estructura que corresponda a ese modo de hablar.

Sustantivos comunes, adjetivos y verbos pueden pensarse como nombres de clases.

Sobre la base de las palabras de clase el hombre construyó otras, de un mayor nivel de abstracción que parecen abandonar la referencia a los objetos para apuntar directamente a los criterios de clasificación.  Así, caminar es lo que tienen en común todos los individuos de la clase de los que caminan, vida es lo que tienen en común todos los individuos vivos; blancura es lo que tienen en común todos los individuos blancos.

Características definitorias 

Los requisitos exigidos para llamar a un objeto con cierto nombres (palabra de clase) son ciertas características eventualmente presentes en el mismo objeto: tener cuatro caras iguales un poco convergentes, tener un solo ojo.   Estas parte de la descripción de un objeto que a su vez integran el criterio de uso del vocablo se llaman características definitorias de la palabra en cuestión.

Estas características cuya presencia o ausencia en el objeto resulta irrelevante para que le asignemos determinado nombre, se llaman características concomitantes o accidentales respecto de ese nombre.

Entre las infinitas características que pueden describirse en cada objeto del universo, frente a cada nombre posible distinguiremos algunas como definitorias.  El resto son concomitantes.

Lo que hace que algo sea una cosa y no otra, es designado a menudo como esencia de esa cosa (por oposición a sus accidentes); y esta concepción, hoy llamada esencialista, corresponde a la versión atenuada del idealismo platónico elaborado por Aristóteles para aproximarla a la experiencia cotidiana.

Vaguedad 

Ocurre a menudo que el fruto de la introspección no se obtiene de un modo tan sencillo.

Hay casos en los que, puestos a decidir si cierto objeto concreto debe incluirse en determinada clase, dudaríamos.  Supongamos que nuestro amigo, el verdulero, solo una vez, escribió un poema, bastante malo, lo llamaríamos poeta?

Podemos decir que si fundados en un solo poema, con prescindencia de su valor literario, es suficiente para asignar ese nombre, o bien decidir lo contrario, sobre la base de exigir habitualidad, o un mínimo de talento, o aun cierto reconocimiento público.

La resolución que adoptemos no nos es impuesta por el diccionario ni por autoridad lingüística alguna por no ser el significado de “poeta” tan preciso.

Esta falta de precisión en el significado de una palabra es la vaguedad: una palabra es vaga cuando hay casos en los que su aplicabilidad es dudosa.

Ambigüedad

La condición de una palabra con mas de un significado se llama polisemia o, ambigüedad.  “Vela” puede designar un cilindro de cera con un pabilo en su interior que sirve para iluminar, un lienzo que se ata al mástil de una nave para aprovechar la fuerza del viento, o bien la actitud de alguien que cuida a una persona o cosa durante la noche.

Una palabra ambigua puede ser vaga en cada una de las distintas acepciones que posea.

La ambigüedad viene muchas veces de la extensión de un nombre a diversos aspectos o elementos de una misma situación.  Por ejemplo llamamos corte al acto de cortar e incluso al filo de la herramienta con la que cortamos.  Otras veces proviene de la evolución de las palabras a partir de las distintas etimologías: las acepciones de corte que acabamos de señalar provienen del verbo latino curtare; pero el significado de “corte” como séquito del rey, o como tribunal de justicia, proviene del latín cors, cortis o cohors.  Cada uno de estos vocablos evolucionó a su modo en el idioma castellano y ambos coincidieron finalmente en la forma corte.

También la voluntad del hombre colabora en la producción de ambigüedades a través del lenguaje figurado: podemos dar a alguien una mano sin necesidad de extenderla, por ejemplo.

El colmo del lenguaje figurado es la metáfora, figura que parece decir una cosa para que se entienda otra, creando entre ambas un sutil y fugaz vínculo de significado a la vez que sugiere vagas semejanzas.

Definición 

Definir una palabra es indicar su significado.  Hay definiciones nominales y reales; las primeras son las que definen un nombre y las segundas las que definen una cosa.

Si por esencia entendemos al conjunto de las características definitorias de un concepto, definir la cosa será lo mismo que definir el nombre de la cosa, y la distinción carecerá de utilidad.  Si por esencia entendemos una realidad intrínseca de la cosa, que no depende del lenguaje sino de cierto tipo de intuición, la definición real se convierte en un problema metafísico.

Definiciones ostensivas y definiciones verbales 

Las mas comunes son verbales: comunican el significado de una palabra a través de otras palabras.

Una definición ostensiva tiende a mostrar ejemplos de modo que generalmente requiere algún tipo de gesto.

Se trata de la función explicativa del ejemplo.  La persona a quien va dirigido aísla mediante una operación intelectual propia, las características definitorias del caso propuesto, a la vez que desecha toda cualidad ajena al concepto genérico principal.

Muchas veces se propone un solo ejemplo y se deja librada al buen sentido del oyente la aprehensión de sus características definitorias, en la confianza de que podrá llevar a cabo la operación relacionando el caso propuesto con la expresión a definir, que se supone al menos parcialmente comprendida de antemano.

Las definiciones ostensivas resultan indispensables para aprender un lenguaje sin tomar otro lenguaje como punto de apoyo; pero salvada esta etapa es preferible, cuando se puede, acudir a las definiciones verbales.

Definiciones denotativas y definiciones intencionales 

Si nos preguntan por el significado de “planeta” y contestamos: Mercurio, Venus, la Tierra, Marte, Júpiter, Saturno, Urano, Neptuno y Plutón, habremos enunciado la denotación de “planeta”, por lo menos la conocida.

Esta definición es la denotativa o extensional de la palabra.

Si respondemos que “planeta” significa cuerpo celeste, opaco, que sólo brilla por la luz refleja del Sol, alrededor del cual describe una órbita con movimiento propio y periódico habremos dado una definición intencional o por designación.

La definición extensional enumera  los objetos que forman la denotación de la palabra, pero no indica las características comunes que nos determinan a agrupar esos mismos objetos bajo la denominación de la palabra a definir.

La definición intencional, en especial la forma clásica por género próximo y diferencia específica, constituye generalmente el paradigma de la definición, el modelo en que pensamos cuando nos preguntamos por el significado de una palabra.

Definiciones informativas y definiciones estipulativas 

Es informativa o descriptiva o lexicográfica, la definición que informa sobre un hecho objetivo (la costumbre lingüística de cierta comunidad), porque describe el hecho sobre el que informa y porque definiciones de este tipo son las que integran los léxicos o diccionarios.  Es susceptible de tener un valor de verdad.

Una definición estipulativa puede ser introducida por mero capricho pero en muchos casos presta importantes servicios.

Permite introducir nuevos términos científicos o precisar los límites de los términos ya conocidos.

La relación de significado entre la palabra y el método descubierto se establece mediante estipulación.

Oraciones, proposiciones y estado de cosas 

El lenguaje está compuesto por palabras y la realidad está dividida en cosas, el vínculo entre ambos planos se describe diciendo que las palabras significan cosas.

Pero si el lenguaje funcionara de este modo, no podríamos hacer mas que andar por el mundo señalando cosas y pronunciando sus nombres.  Las palabras no se usan aisladamente, sino combinadas en secuencias significativas.

Esas secuencias significativas de palabras son las oraciones o enunciados.  Una oración está habitualmente compuesta de varias palabras, cada una de las cuales tiene su propio significado.  Pero la oración misma, como un todo, tiene también un significado, resultante de todos los significados de aquellas palabras combinadas entre sí de cierto modo.  El significado de una oración puede ser caracterizado a grandes rasgos como lo que queremos decir con ella.

Varias palabras pueden significar una misma clase de cosas, también varias oraciones pueden describir un mismo estado de cosas: “la vida es dura” y “life is hard”.

De dos palabras de clase que tienen el mismo significado decimos que nombran el mismo concepto. 

Dos oraciones que describen un mismo estado de cosas expresan una misma proposición.  La proposición es el significado de la oración una vez abstraído de las palabras concretas con que se lo indica.

Pragmática 

Es la disciplina que estudia el discurso (es decir el habla, el acto de hablar, o de escribir) como un acto humano que se dirige a la producción de ciertos efectos.

La sintaxis es el punto de partida de la semántica, ya que para estudiar las formas de significación y sus problemas es preciso admitir primero ciertas expresiones a las cuales haya de atribuirse aquella significación, y para distinguir las expresiones aceptables (bien formadas) de las inaceptables (mal formadas) es necesario conocer o establecer ciertas reglas de formación.  A su vez, la semántica es una base necesaria para la pragmática, ya que el uso que se hace del lenguaje presupone el manejo de los significados atribuidos a los signos que se empleen.

 

Para que sirve el lenguaje y como se lo usa 

Cuando una persona (emisor) dice algo (emite un mensaje) a otra persona (el receptor), intenta siempre producir algún efecto sobre este último: busca influir en él.

Hay muchas formas de influir en el otro y a todas ellas sirve el lenguaje: el emisor puede tratar de informar, de preguntar, de pedir, de insultar, de persuadir, de dominar, de halagar, de ordenar, de despreciar, de engañar, de entretener.

Toda esta variedad de funciones, puede clasificarse en grandes grupos y reducirse a unas pocas funciones primarias.

a)         Función descriptiva: es la usada para llevar a la mente del receptor una determinada proposición.  Esta función del lenguaje suele llamarse también informativa; pero el uso común del término “informar” sugiere la intención, por parte del emisor de producir en el receptor una modificación de creencias a través del aporte de nuevos datos.  Utilizamos el lenguaje en función descriptiva cuando discurrimos y razonamos acerca del mundo que nos rodea; y por ello el lenguaje científico pertenece a esta división de los usos del lenguaje.  El sistema normalmente utilizado para describir consiste en relacionar propiedades con sujetos, de tal modo que las propiedades se atribuyen a los sujetos y éstos se suponen portadores de aquellas.

b)         Función directiva:  se trata de las expresiones que emplea una persona para provocar en otra ciertos comportamientos o para influir en su voluntad.  No se trata solamente de órdenes sino también de ruegos, pedidos.  Incluso puede considerarse que una pregunta también integra el grupo de las expresiones directivas porque constituye un pedido de respuesta, el reclamo de una conducta consistente en proporcionar una información.  Así la expresión ¿Qué hora es? Podría traducirse en “dígame ud. la hora, por favor!”.

c)         Función expresiva:  sirven para manifestar sentimientos o emociones

d)         Función operativa: es el uso que se hace del lenguaje en ceremonias o actos formales, expresado en palabras que en la ocasión se pronuncian en cumplimiento de normas o reglamentos para obtener cierta finalidad o determinado efecto que la misma regla prevé.  No describe, expresa ni ordena, sino que realiza u opera directamente un cambio en la realidad.

e)         Los usos mixtos: una pregunta no siempre requiere una respuesta directa: a veces reclama una conducta diferente.  Por ejemplo, si decimos a alguien ¿Tiene hora? O ¿podría tomar un café? No nos conformaremos con que nos responda simplemente “si”.  Las formas expresivas pueden esconder una función directiva: si exclamamos “¡Ay, cuanta sed tengo!” tal vez estemos procurando que quien nos oye nos sirva nuestra quinta copa de champán.  Pero la mezcla mas común es la que combina la función descriptiva con la expresiva.  No siempre describimos los acontecimientos con la asepsia de una proposición matemática: “los triángulos equiláteros tienen tres ángulos agudos”.  A veces lo hacemos, cuando nuestros intereses o emociones no están involucrados en la descripción: “Tokio tiene mas habitantes que Osaka”.

Efectos emotivos del lenguaje 

Suponiendo que alguien estuvo preso y que durante ese lapso, sufrió experiencias muy penosas, desde entonces, al oír la palabra comisaría, puede sufrir un sobresalto o se le pondrá la piel de gallina.

La palabra es comprendida por el sujeto pero además lo perturba emocionalmente.

Este fenómeno consistente en que una palabra se presente asociada con determinada reacción emotiva, no sólo puede resultar de un condicionamiento individual, como en el caos del ejemplo, a menudo es un fenómeno social.

Definición persuasiva 

Las palabras no solo son una herramienta de la comunicación, sino también un medio de persuasión, un instrumento de dominio, un arma de guerra.

El lenguaje jurídico constituye un complicado sistema de significados teñidos fuertemente de emotividad. 

Estamos habituados a suponer que el derecho es justo y el delito es malo, y tendemos a prestar irreflexiva aprobación a lo que se presenta bajo la forma de la ley y a desaprobar lo que se nos muestra como fuera de la ley.  En conocimiento de esto, cuando una organización terrorista mata a alguien no dice que lo asesinó, sino que lo ejecutó.

De la misma manera los autores de un golpe de Estado no dicen que han usurpado el poder, ni que han cometido delito de rebelión: dicen que han asumido el gobierno del Estado, que se han apropiado del lenguaje jurídico y en adelante el modo de entenderse será llamar leyes a lo que hagan y subversión a la oposición que puedan hacerle quienes ayer eran gobierno.

Las definiciones persuasivas o retóricas son falaces volteretas semánticas que buscan cambiar el significado de las palabras para apoderarse de su contenido emotivo.

 

 

 

 
 

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